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domingo, 21 de junio de 2015

Aqua.

                                                                      Melibea 

    La luna tiembla en el agua. Marius está de espaldas a mí, dentro de la piscina. Yo me acerco. Dejo que los pantalones caigan al suelo, seguidos de mis bragas y de mi camiseta. Estoy desnuda, Marius se gira y me observa en silencio. Me siento en el borde de la piscina y meto los pies en ella. 
    -¿No entras? -Pregunta Marius. 
    -No se, el agua está demasiado fría. -El agua está en su temperatura ideal, ni muy fría ni muy caliente. Marius abraza mis piernas y besa primero una de mis rodillas, luego la otra. 
    -Yo podría calentarla para ti. 
    -Me gusta ser yo quien la calienta. 
    -¿Seguimos hablando del agua? -Tengo que morderme el labio para intentar reprimir una sonrisa. -Ven aquí. 
    Rodea con su brazo mi cintura y me mete con cuidado en la piscina. Un escalofrío recorre mi espalda y mis pezones se endurecen. Marius me presiona con su cuerpo contra el bordillo. Sus ojos se clavan en los míos, nuestras narices se tocan y siento su entrecortada respiración en mis labios. Su bañador se aleja flotando en el agua. Mi libido se enciende con el suyo. Presiona más su pene erecto contra mi monte de Venus. Con mi mano cojo su miembro y lo llevo dentro de mí. Marius cierra los ojos. Respiro contra sus labios y poso un suave beso en ellos. Se mueve despacio, como si quisiera sentir cada estocada al máximo y el mayor tiempo posible. El agua que nos rodea tiembla con nuestros movimientos. Marius atrapa mi cara entre sus manos y me besa. Nuestras lenguas se encuentran y se mueven juntas. La mano izquierda de Marius baja hasta mi clítoris y con su dedo anular lo masajea, ahogo un gemido dentro de su boca. Mis piernas tiemblan y, antes de que me hunda más en el agua, él me sujeta por la cintura dándome estabilidad. Acabo por enrollar mis piernas en su cadera, así es más fácil. Sus estocadas aumentan la velocidad y mis músculos se contraen en respuesta. Lo abrazo y entierro la cabeza en su cuello. 
    -Marius... -Susurro. Clavo los dientes en su hombro como señal de placer. Él gime y me presiona más contra él. 
    Nuestras lenguas vuelven a encontrarse. Marius atrapa mi labio inferior con sus dientes y tira de él suavemente. 
    -Mel, ¿qué me estas haciendo? -Sus ojos me miran llenos de dulzura. Gruñe. 
    Marius acaricia mis pechos debajo el agua y pellizca mis pezones. Yo suelto una pequeña risita. Mis dedos repasan sus ejercitados abdominales. Se acerca a mi oído y me muerde la oreja. Se me eriza toda la piel. Siento como mi corazón se acelera. Nos movemos juntos, su respiración es más fuerte que antes. El calor inunda mi bajo vientre y se expande por todo mi cuerpo. De mi boca se escapan varias palabras prohibidas. Llego al orgasmo antes que Marius, que me besa alcanzando su propio placer regando mi sexo con su semilla. Salimos juntos del agua. Él cubre su cintura con una de las toallas y coge otra para mí y me enrolla en ella abrazándome. Planta un beso en mi frente. 
    -Venga, vamos a dormir renacuaja. 





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