Instagram

jueves, 28 de mayo de 2015

CAPÍTULO 9

Melibea


    Al abrir la puerta de mi habitación por la mañana me encuentro con un Marius dormido y espatarrado por el suelo. Se que tengo que despertarle para ir a buscar en un rato a Antoni, que vuelve hoy de la India por fin, pero no sin antes hacerle una foto con el móvil que me compró él mismo el otro día. Se podría decir que es solo para emergencias, en mi agenda de contactos solo aparecen Antoni y Marius. Perfecto, ya puedo despertarle. Con el pie le doy varios toques en el pecho llamándolo.
    -Marius, despierta. Tenemos que ir a recoger a Antoni al aeropuerto.
    Abre los ojos y pestañea varias veces. Se ve desconcertado, como si no supiera que hacía durmiendo frente a mi puerta. Lo cierto es que creo que realmente no tiene ni idea de qué está haciendo aquí.
    -¿Qué hora es?
    -La hora de que levantes el culo, me prepares el desayuno y vayamos a recoger a tu hermano.
    Marius se levanta del suelo y baja al primer piso pasando por mi lado, rozando su brazo contra el mío.
    -Mel, ¿dónde están David y Chavela? –Grita.
    -No se, debieron irse después de que te quedaras dormido frente a mi puerta –Respondo.
    -Voy a darme una ducha.-Creo que me he quedado sin desayuno. Bueno, mejor porque en estos días habré podido engordar ocho kilos. A Marius le gusta mucho cocinar y lo hace realmente bien.




    Que nervios, tengo muchas ganas de ver a Antoni. Marius y yo subimos a su coche, un Aston Martin DB9 gris, al parecer no solo tiene moto, y el panoli de él nos hizo ir en metro el otro día al centro comercial… Conduce de forma mucho más temeraria que Antoni, tengo que aferrarme al mango de la puerta en cada volantazo para no salir volando del asiento. Pulsa un botón de la radio y una canción techno empieza a sonar. Hago una mueca.
    -No me digas, solo te gusta la música de Justin Bieber –Dice rodando los ojos.
    -No pensé que fueras tan idiota de confundir la música con el ruido –Digo yo contraatacando.
    -Tienes razón, Justin Bieber es ruido. No sabe cantar, solo chilla frente al micrófono.
    No soy fan de la música de Justin pero siendo Marius el que se meta con él hace que quiera sacarle los ojos.
    -¿Llamas a Justin ruido? Oh, es verdad. Son mucho mejores estos “cantos celestiales” enviados por los ángeles hasta nuestros dichosos oídos.
    -¿Es necesario que seas tan repelente, mocosa?
    -¿Es necesario que seas tan idiota, idiota? –Marius pone los ojos en blanco.
    -No respondas a mi pregunta con otra pregunta, es muy frustrante. Ya hemos llegado.
    Marius aparca cerca de la entrada del aeropuerto. Sale del coche con desgana, normal. Luce cansado, con grandes sombras oscuras bajo los ojos.
    En el aeropuerto gente de todas partes del mundo viene y va cargada con maletas. Busco a Antoni con la mirada mientras intento abrirme paso entre el gentío. Vestido con vaqueros, la camisa remangada hasta los codos y hablando por teléfono. No es hasta que me ve que cuelga el teléfono y lo guarda en el bolsillo del pantalón. Acelero el paso, Antoni también viene hacia mí. Con pocos centímetros separándonos, me lanzo a sus brazos. Mis pies ya no tocan el suelo. Siento como si hubiesen pasado siglos desde la última vez que nos vimos.
    -Me alegro mucho de verte.-Su cálido aliento roza mi cuello.
    Con delicadeza, me posa de nuevo en el suelo. Marius aparece detrás de mí.
    -Joder Antoni, en una semana te nos has vuelto un conguito –Tiene razón, la piel de Antoni se ha tostado bastante. A su lado parezco un fantasma. Los tres reímos.
    -Vamos, os invito a comer. Me muero de hambre, en el avión no había más que cacahuetes asquerosos. Odio los cacahuetes.
    Entramos todos en el coche y Antoni se sienta detrás conmigo. Me cuenta todo lo que ha visto en la India. Yo lo escucho con atención sin apartar los ojos de él, Marius nos mira de cuando en cuando por el espejo retrovisor. Estoy contenta de que Antoni esté de vuelta, empezaba a dudar sobre si sería capaz de soportar las estupideces de Marius sola.




    Ya por la noche, nos vamos a dormir. Directamente, olvidándome de mi cuarto, voy junto con Antoni a su habitación. Llevo puesta una camiseta que me ha dejado Marius, la mía se está lavando. Sí, me compré ropa y trajes de baño pero ningún pijama.
    -Aunque esa camiseta parece muy cómoda, creo que deberíamos comprarte algún pijama. Y muebles, también necesitas muebles.
    No se que contestar a eso. Yo estoy bien con mi cama, que apenas uso, y las camisetas no tienen nada de malo, excepto que son de Marius. Parece que le hace ilusión tenerme aquí, cuidarme y comprarme cosas. Me siento como su muñeca personal, pero no me importa, me gusta. Además, ya tengo mucho cariño por Antoni.
    -¿Te ha hecho sufrir mucho mi hermano mientras no estaba?
    Una leve risa se escapa de mi boca.
    -Puede que yo le haya hecho sufrir a él.
    -Eso espero.
    Ambos reímos hasta que acabamos por quedarnos dormidos, cada uno en su lado correspondiente de la cama.


Marius


    Es extraño. Siento que algo pequeño, refunfuñón y delgado falta en mi cama.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario