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domingo, 19 de abril de 2015

Inspira, espira, sonríe.

Lo llevo a mis labios. Inspiro, retengo el humo unos segundos en los pulmones antes de dejarlo ir, espiro. Sonrío.
    Siento como mi corazón se acelera, empiezo a sentir como todos los problemas a mi alrededor desaparecen, mi cerebro se relaja. Abro mucho los ojos observando detenidamente la habitación. Las paredes cambian de tamaño con cada parpadeo; la luz es amarilla, ahora rosa, ahora azul; las ventanas me sonríen como amigas.
    Escucho la perfecta, dulce e irresistible risa de Marius. Lo miro. El color de sus ojos se ve más intenso que nunca y su sonrisa deslumbra tanto que tengo que entrecerrar los ojos para seguir mirando. Esa sonrisa se acerca más y más hasta que se pega a la mía. Su lengua se mueve dentro de mi boca con determinación.
    Un calor inmenso se apodera de mi cuerpo. 
    Nuestros labios se separan pocos milímetros.
    Él inspira, me sienta en su regazo y enrosco las piernas alrededor de su cintura. Libera el humo en mi boca. Sonríe.
    Yo inspiro, espiro yo sonrío también.
    Meto las manos dentro de la camiseta de Marius, recorro cada línea de los músculos de su espalda. Está tan caliente como yo. Nos levanta del suelo y nos lleva directos a la cama. Allí acabamos desnudos. Devora mis pechos, los muerde, los lame, los masajea… Yo me deshago poco a poco. Mis pezones se endurecen. Ahora sus manos están en mi cintura y…
    -¡Marius para! –Sus dedos se mueven rápidos y yo no puedo dejar de reír. Soy débil, no aguanto las cosquillas. Intento escapar de entre sus brazos, pero me aferra con fuerza. Levanta mis manos por encima de mi cabeza y, con un cinturón que hay en el suelo, las ata al cabecero de la cama.
    Es mi perdición, pienso para mis adentros.
    Me muerde debajo de las costillas y suelto un gritito que no diferencio si es de dolor o placer.
    Mi respiración es agitada. Me gustaría poder dar otra calada. La habitación sigue llena de humo. Lanzo un fuerte suspiro. El aire a mi alrededor baila rápido, con suaves movimientos. Para cuando me quiero dar cuenta la lengua de Marius se pasea por mi húmedo monte de Venus.
    Mi espalda se arquea. Cierro los ojos, siento mis manos atadas, la piel tirante. Intensos escalofríos sacuden mi cuerpo. Marius para.
    Abro los ojos y lo encuentro encima de mí, mirándome con deseo. Sus dientes atrapan mi labio inferior. Antes de que lo suelte ya nos estamos besando. Puedo sentir su pene erecto presionando contra mi sexo. Lo coge con la mano y lo lleva dentro de mí. Marius suelta un gruñido junto a mi cuello. Sus manos aferran mis caderas con fuerza mientras con estocadas constantes me penetra haciendo que sienta mariposas recorriendo todo mi cuerpo. Nuestros cuerpos sudados se mueven juntos.
    -Desátame, quiero tocarte… -Susurro en su oído.
    -No se, me gusta verte así –Gime, gimo- Pequeña, indefensa, vulnerable…
    Me revuelvo entre sus brazos y me desata. Él me vuelve a penetrar, una y otra, y otra vez. Entierro la cara en su cuello y clavo mis dientes en él, un pequeño moratón empieza a formarse. Sus manos cubren mis pechos. El climax se acerca, puedo ver en los ojos de Marius que está haciendo un esfuerzo para que yo pueda llegar primero. Los músculos de mi bajo vientre se contraen. Con el humo encuentro más dificultades para respirar pero de igual forma sonrío.

    Marius consigue lo que se propone. Clavo las uñas en su espalda como señal del increíble orgasmo al que acabo de llegar. Marius saca su erección de mí y, ayudado de su mano, riega mi vientre con su semilla. 

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