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jueves, 25 de diciembre de 2014

Mi País de las Maravillas.

    Los minutos son segundos en su clase. Su voz resuena en mi cabeza. No encuentro sentido a sus palabras y apenas me importa, solo puedo concentrarme en mirarlo.
    Mi nuevo profesor de física y química, relativamente nuevo, Louis Vivien, se desenvuelve sin problemas en la clase explicándonos el movimiento rectilíneo. Es muy alto, rondará el metro noventa, musculoso pero a su vez delgado, el cuerpo perfecto para alguien de 32 años. Lleva el pelo corto y algo despeinado. Mi mirada se clava en sus ojos cafés que ahora miran a los míos.
    El mundo que me rodea se detiene y solo soy capaz de escuchar los latidos de mi corazón. El tiempo de mi universo paralelo corre a cámara lenta. Los labios de Louis formando palabras, los míos entreabiertos, luchando por hacer recordar a mis pulmones como respirar. 
    Un golpecito en la cabeza me trae de vuelta al mundo real. La clase estalla en risas. Bajo la mirada, un trozo de tiza aterriza en mi mesa y cae sobre mi falda de cuadros. Cuando la levanto de nuevo todos mis compañeros me miran expectantes incluido Louis que parece estar esperando una respuesta.
    -Cosette, me gustaría de veras que estuvieras en mi clase y no en Tu País de las Maravillas.
    Un calor abrasador recorre mis mejillas. Es difícil pero consigo apartar los pensamientos impuros que rondan mi cabeza cuando lo miro.


    Al acabar la clase el aula se va vaciando mientras yo recojo mis libros, solo quedamos nosotros dos.
    -Cosette, acércate un momento por favor. –Cual dócil e indefensa gacela me acerco con cortos pasos hacia él. Estamos cara a cara. -¿En que pensabas?
    -¿Perdone? –Respondo desconcertada.
    Salimos juntos de clase, yendo hacia la sala de profesores.
    -Antes, cuando me has hecho llamarte la atención. ¿En que estabas pensando?
    Mis pómulos vuelven a encenderse junto con algo más. Deseo.
    Con una mano, y dejándome pasar primero, abre la puerta.
    -Pasa. –Dice sonriendo.
    Oh Dios, esa sonrisa. Su sonrisa, que tantas cosas me ha hecho sentir a lo largo de este curso.
    La gacela vuelve a hacer acto de presencia.
    La puerta se cierra detrás de mí.
    -¿Y bien?
  -Yo… -¿Desde cuándo estamos tan pegados el uno al otro? -No estaba pensando en nada en realidad. 
    Suelta una risita divertida que ilumina mi corzón. 
    -Mentirosa.
    Ahueca mis mejillas con ambas manos y sus labios se posan en los míos. Debo de estar soñando porque esto no puede ser real. Me empotra contra la puerta sin dejar de besarme. Siento su deseo presionado en mi vientre. Me tiemblan las piernas. Agarra mi cintura levantándome del suelo y sentándome en una de las mesas. Sus ojos me devoran, muerde su labio inferior como si tuviera que resistir a la tentación que tiene delante. Yo. Pero no quiero que aguante sus ganas de mí, quiero que se deje llevar conmigo.
    Separa mis piernas y se cuela entre ellas. Le atraigo hacia mí tomando su cuello, nuestras bocas se vuelven a unir. Me besa con fuerza, con hambre, con ansia.
    Con su mano ahora en mi cuello y la mía en su pecho, muerde mi mentón. Su otra mano, mientras, desabrocha todos los botones de mi camisa. Nunca habían parecido tantos. Mi sujetador acaba en el suelo junto a mi camisa. Endurece mis pezones con su lengua haciendo que un escalofrío recorra todo mi cuerpo y manda ríos de caliente electricidad a mi bajo vientre.
    Louis se arrodilla frente a mí. Acaricia el interior de mis muslos acercándose cada vez más a mi monte de Venus. Ya no tengo nada de ropa encima a parte de los calcetines.
    Empieza a jugar conmigo, hace bailar sus dedos en mi interior y entretiene a su lengua con mi clítoris. Gimo, mi espalda se arquea involuntariamente. Parece que la física no es lo único que se le da bien. Me deja al borde del clímax. Vuelvo a encontrarme con sus labios y puedo saboreárme a mi misma.
    Con mis piernas enroscadas en su cintura desabrocho su pantalón acariciando su entrepierna. Ahí está. Su erección se presenta imponente ante mí. Dura, palpitante y grande. Muy grande.
    Lo frota contra mi sexo lenta y plácidamente. 
    En una estocada me penetra.
    -¡Ah Louis!
    Siento su pene dentro de mí. Clavo las uñas en su espalda y él gruñe en respuesta. Estamos tan unidos, formando un único ser lleno de piernas y brazos, que no se sabe donde empieza un cuerpo y donde termina el otro.
    -Cosette… -Susurra en mi oído mordiendo después el lóbulo de mi oreja.
    Mis músculos se contraen alrededor de su miembro viril apretándolo. Este se hace más grande. Las estocadas de Louis son cada vez más rápidas y fuertes. Siento que voy a explotar. Y exploto.
    Todo mi cuerpo se despierta. Junto mi cadera aún más a la suya. Oleadas de calor recorren cada centímetro de mi piel, erizándome el vello de la nuca, obligándome a doblar los dedos de los pies y a poner mis ojos en blanco mientras de mi boca se escapan un par de palabras sucias.
     Louis también explota. Su semilla chorrea caliente por mi sexo.
    Nunca me había sentido tan viva.
    -No se en que estaría pensando antes Cosette, pero te diré algo. Yo estaba pensando exactamente en lo sexy que estarías así. Era yo el que estaba en Mi País de las Maravillas. –Posa un pequeño beso en mi boca –Vístete, no sería muy conveniente que alguien nos viese ahora. 
   



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