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martes, 2 de diciembre de 2014

A Escondidas.

    La puerta del baño está entornada. Por una pequeña franja puedo ver como Melibea se mete en la bañera. Obviamente, está desnuda. 
Siempre me ha sorprendido lo pequeña que es. Su cuerpo es más palido ahí en donde no toma contacto con el sol. Empieza a ser más curvilinea y sus pechos están creciendo debidamente. En poco más de un año todos los hombres querran estar entre sus piernas. No, no quiero que esté con alguien más. No quiero que nadie la desee, es mía. 
    Algo en mí empieza a despertarse. 
    El espejo se ha empañado con los vapores del agua, lo que hace que Mel no pueda verme a no ser que se de la vuelta.
    Hay un movimiento en el agua. Mel deja que el agua mezca su mano sobre su vientre. Cada vez está más abajo y más pegada a su cuerpo. 
    Contengo la respiración.
    Mel se deja llevar y hunde todo su cuerpo en el agua, exceptuando la cabeza. Dobla sus piernas dejando sus rodillas en la superficie. Juega con ella misma, su pecho sube y baja al ritmo de su acelerada respiración. Ahoga un grito, luego otro, y al tercero tiene que taparse la boca con la mano para que no la oigan. 
    Freno las ganas de entrar ahí, quitarme la ropa y hacerle el amor en la bañera. Mis ansias de ella son dificiles de controlar, pero consigo hacerlo. 
    ¿Se puede saber que coño me pasa?
    Tiene 15 años Marius... Y sí, has besado a infinitas mujeres y los besos de Mel han sido los mejores pero... Eso no quita que sea una niña. Pero... No puedo apartar la vista de ella. 
    Es demasiado bonita  
    Veo en su cara que está a punto de llegar a la cima. Necesito tocarla. Arquea la espalda y muerde su mano reflejando en ella su placer. Susurra un nombre, hace que se me ponga la piel de gallina. "Marius". Y por un segundo, veo como sus ojos penetran los mios.

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