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lunes, 7 de julio de 2014

CAPITULO 4




 Marius

    Tócate los huevos. Después de joderme con lo de convivir con una mocosa, Antoni me viene con que me toca hacer de canguro una semana. Cuantas veces se lo tendré que decir. ¡Que no me gustan los niños!
    Salgo de la cocina con el teléfono de la mano. De tanto llamar ya se me de memoria el número de la pizzería.
    En poco más de veinte minutos tenemos una pizza cuatro quesos familiar y dos refrescos. Veintitrés pavos. Menos mal que Antoni me ha dejado algo de pasta por que yo suelo estar siempre sin blanca.
    Trabajo en un bar de copas no muy lejos de casa cuatro días a la semana. Mi hermano no me hace pagar alquiler, ni comida, ni ningún otro gasto y siempre que me falte dinero se que el me lo podrá dejar. Pero no soy de los que abusan de la gente en cuanto ven la oportunidad, así que cuando me dan un extra o he conseguido algo más de dinero se lo doy él. Antes Antoni no lo aceptaba, decía que soy su hermano, que ya le devolvería el favor si alguna vez necesita un donante de riñón. Ahora por fin se ha dado cuenta de que si no le diera ese dinero cuando puedo yo no me sentiría bien viviendo con él, estaría muy incomodo. La verdad es que es una gran persona.
    Voy a buscar a Melibea. Tampoco soy tan cabrón como para hacer que cene sola en su primera noche aquí.
    Paso por la cocina para comprobar si está allí antes de subir.
    -¿Mel? -Nadie.
    Zeus y yo subimos corriendo las escaleras de forma competitiva, el muy cabroncete siempre llega arriba antes que yo.
    Me paro en frente de su habitación dispuesto a entrar, hasta que oigo un pequeño sollozo. La puerta esta entornada y no alcanzo a ver a Mel. Puede que esto sea un pequeño abuso a su privacidad, puede que debiera dejarla en paz hasta que dejase de llorar… Una lastima que sea como soy y que necesite asegurarme de lo que este haciendo y consolarla en el caso de que realmente este llorando. No me gustan los niños, cierto, pero me gusta menos ver pasarlo mal a una persona. Empujo con mucho cuidado la puerta lo suficiente como para verla. Tenía razón. Está sentada al borde de la cama, con los codos sobre las rodillas y la cara enterrada en las manos. Su cuerpo se agita con cada uno de sus pequeños sollozos. Entristece mucho ver a esa niña tan bonita pasarlo tan mal. ¿Será por algo que he hecho? No creo, seguro que tiene algo que ver con la razón por la que se ha venido a vivir con Antoni y conmigo.
    Mi perro acomplejado se cuela por la rendija de la puerta y va ronroneando hasta la cama de Melibea. Se pone a dos patas apoyándose en su pierna izquierda rogando mimos. Como la otra vez en el baño a la pequeña le atraviesa la cara una preciosa sonrisa. Zeus se hace querer. Ella sorbe por la nariz y se seca las lágrimas de los ojos con el dorso de la mano.
    Decido dejar pasar todo lo que acabo de ver. Llamo a la puerta y entro como si nada.
    -Ya ha llegado la pizza, ¿bajas a cenar? Podemos ver una peli, pero elijo yo eh… No vaya a ser que me hagas ver algo de unicornios mágicos… -Pone los ojos en blanco.
    -Bueno, mientras no me hagas ver una peli porno. –Contesta pasando por delante de mí dejándome bastante flipado. Y pensar que hace menos de un minuto parecía la niña más indefensa en el mundo.
    No me molesto en poner ni un mantel ni vaso. Dejo la pizza sobre la mesa y podemos beber la Coca-Cola directamente desde la lata, que tampoco nos vamos a morir. 
    Las estanterías de al lado del televisor están repletas de películas y series, de entre todas elijo una que en mi opinión está bastante bien.
    Le enseño la carátula a Mel.
    -¿La has visto? Es una peli que me gusto mucho. Trata de la futura América que está dividida en…
    -¡Los Juegos del Hambre! No la he visto, ni siquiera sabía que habían hecho una película… Yo leí el libro hace un tiempo en una biblioteca. Me gusto muchísimo.
    -Es mejor esperar a la película –En realidad yo también he leído el libro, la trilogía entera y me gusta mucho leer pero es que picarla es muy divertido. De todos modos, ¿no es algo pequeña para entender realmente la historia?- . Los libros son muuuuuuy aburridos.
    -Pero, ¡¿qué dices?! Leer si que es uno de los mayores placeres de la vida y no la carne, como dices tú.
    -Es de frikis.
    -Es de gente culta.
    -Pues eso, frikis.
    -Las personas cultas no son…
    -Si que lo son, son frikis. Los típicos pardillos que son o muy gordos o muy delgados y con gafas que llevan jerséis de rombos… Frikis.
    -Me enervas. Eres muy frustrante, apuesto a que te lo dicen a menudo. -¿Enervas? ¿Frustrante? ¿Qué hace hablando así con trece años? Yo a su edad me seguía riendo cada vez que oía la palabra culo. A ver si va a acabar siendo verdad eso de que las mujeres maduran antes que los hombres. Sonrío.
    -Bueno, vamos a poner esto y a empezar a cenar. La pizza se estará quedando fría. 
    En lo que ella se come una de las porciones yo ya me he comido las demás a excepción de una. Hoy estaba con hambre.
    A mitad de la película, Mel, empieza a luchar para no quedarse dormida. Está hecha un ovillito en el sofá con la cabeza apoyada en el reposabrazos. Transmite ternura, se la ve tan frágil.  
    -¿Mel?
    -Que… -Contesta en un hilillo de voz.
    -Si tienes sueño puedes irte a dormir y ya la terminaras otro día.
    -No tengo sueño. –Dice tajante.
    -Te estas quedando dormida.
    -No tengo sueño. –Que testaruda que es.
    Clavo mi vista en la televisión pero sigo estando pendiente de ella. Sus ojos no tardan mucho en ceder y se acaban cerrando del todo.
    Sonrió mientras la miro sin apenas darme cuenta.
    Apago la tele y el reproductor DVD. No quiero despertarla, me levanto y con cuidado la cojo en brazos. Creo que Zeus pesa más que ella. Subo las escaleras de lado, despacio. Me fijo en su rostro dormido, pacifico, dulce. Sus labios carnosos, sus pestañas infinitas, no tiene ni una imperfección. Es como si estuviera hecha para representar la belleza física.
    Entramos en el cuarto. La poso en la cama con miedo de que se pueda romper. Se revuelve en cuento mis manos dejan de tocarla. Me quedo embobado de pie en medio de  la habitación. Cuando vuelvo en si dos ojos con heterocromía me miran.
    -Que no tenías sueño eh…
   Melibea sonríe maliciosa.
    -En realidad lo que tenía era pereza, no me apetecía subir hasta aquí. Sabía que si me hacia la dormida acabarías por subirme tú. -Cabrona. 
    -Muy inteligente por tu parte. Pero la próxima vez te dejo sola en el salón, pequeño demonio –Ríe.

    Me voy a mi habitación, sabiendo que ella ahora estará sonriendo.  

2 comentarios:

  1. me encantaaaa!!!! tendrás que seguirle pronto;)))))))

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  2. Queremos el cinco yaaaaa! P.H

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