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jueves, 13 de marzo de 2014

Mermelada

    Marius está en la cocina preparando el desayuno. Tostadas con mermelada y zumo. Yo me acerco por detrás, completamente desnuda. Él está sin camiseta. Tiene un torso impresionante. Estoy a pocos centímetros de él, aún no se ha percatado de mi presencia. Doy un último paso y le doy un fuerte abrazo por la espalda. Me gusta sentir su cuerpo. Beso su hombro.
    -Quiero sexo. -Le susurro sonriendo.
    Entonces él se gira, también sonriendo, agarra mi cintura para atraerme más a él y me besa apasionadamente, acariciando todas mis curvas.
    Me sienta encima de la encimera. Comienza a plantar suaves besos por todas partes mientras mi mirada se detiene en la mermelada. Hummm.... Tengo una idea. Estiro el brazo para cogerla. Cuando ya está en mis manos, la muevo de izquierda a derecha delante de su cara con una sonrisa traviesa.
    -¿Jugamos? -Pregunto sin borrar esa sonrisa de mi cara.
    Marius coge un poco de la mermelada de melocotón con el dedo indice. Ahora tenemos la misma expresión juguetona. Ya estoy húmeda.
    -Abre la boca.-Dice.
    Yo la abro obediente y chupo su dedo con sabor a melocotón. Saca su dedo, vuelve a meterlo en el tarro pero esta vez me lo echa por el cuello. Está fría. Con la lengua limpia mi cuello. El vello de mi nuca se eriza por la excitación. Ha encontrado uno de mis puntos débiles. Ya no hay más restos de mermelada, aún así, Marius, sigue lamiendo; besando y chupando. Le arrebato el bote de las manos y yo misma unto de melocotón ambos pechos. Sin dejar de mirarme con esos ojazos grises, él, se deshace de la mermelada de mis pechos. Mis pezones se endurecen al hacer contacto con su lengua viperina. Le alboroto el pelo apretándolo más contra mi. Echo atrás mi cabeza riendo. Me encanta. Junta mis pechos y se mete los dos pezones en la boca. Siento como crece su erección a través de sus calzoncillos.
    Se ha cansado de mis pechos y ahora acecha a mi monte de venus.
    Que morbo.
    Entierra su cara entre mis piernas. Abre los labios de mi depilada vagina, encuentra mi clítoris con su lengua. Después mete un dedo en mi interior, luego otro y otro más.
    Oh si... si... Buf...
    Él se separa. Yo le miro desconcertada, pidiéndole que siga. Necesito que siga. Coge un poco de mermelada y lo esparce por mi sexo. Y sigue.
    Entre gritos; caricias, besos, gemidos y mucha mermelada, llego a un intenso orgasmo.
    Marius respira entrecortadamente. Me desea y quiera darme placer con la parte más valiosa de su cuerpo. Adoro su pene.
    Lo mete y lo saca arrancandome infinidad de gemidos. Le rodeo la cintura con las piernas para que deje de tentarme y me dé lo que quiero, pero él se libera de mi agarre.
    -Marius... por favor.-Pongo ojitos de cachorrito abandonado.
    -Dime lo que quieres, pequeña.
    -Por favor...
    -Dilo.
    -Quiero que me folles. Follame Marius.
    Repasa con su lengua mi labio superior y se entierra en lo más hondo de mí. Estocada tras estocada, Marius, me lleva a un increíble orgasmo.
    Estamos sudorosos y pegajosos, así que nos vamos a la ducha. Volvemos a hacer el amor, acabando por volver a ducharnos para limpiarnos de la ducha anterior.
 
 
 

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