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domingo, 30 de marzo de 2014

Las ventajas de tener un gimnasio personal 1

MARIUS
Mel lleva más de cuarenta minutos corriendo en la elíptica. Sus brazos y su escote resplandecen por el sudor. Sus perfectos pechos le acompañan dando pequeños botes que hacen que pierda la concentración de mis ejercicios. Se da cuenta de que la estoy mirando, el espejo que cubre toda la pared me delata. Para, se acerca a mi contoneando las caderas y moviendo ese culo que tanto me tienta. Bueno, toda ella es una tentación. Estoy justo delante del banco de pesas. Se detiene apenas a quince centímetros de mi cara, arquea las cejas y me da un empujoncito para que me aparte. Que mala que es mi niña. Coge las dos pesas de cuatro kilos; las levanta repetidamente dirigiéndolas a su pecho y volviéndolas a bajar.
Yo decido ejercitar los dorsales. La polea alta está detrás de Melibea. Tengo muy buenas vistas.
Sé que ella me mira de reojo. Me desea tanto como yo a ella.
Contraigo los músculos, soltando el aire cuando los relajo. Respirando, contrayendo, relajando. Al fin consigo concentrarme justo cuando la chica de diecisiete años con heterocromia me llama.
-¿Me ayudas a estirar?
-Claro.
Dejo lo que estoy haciendo para ayudarla. Cuando su espalda toca la esterilla azul me arrodillo junto a ella esperando instrucciones. Estira tanto la pierna que pienso que se va a romper.
-Ponte ahí y empujame la pierna todo lo que puedas hasta ponerla al lado de la cabeza ¿de acuerdo?
-Vale.
Hago lo que me pide. Es obvio que lo hace solo para tentarme , ella solita llega perfectamente. Por lo general estira y practica sola o con el subnormal de su "amigo" Alex que va con ella a la academia de gimnasia. Maricón... Siempre que vienen al gimnasio o se van a su habitación se me hierve la sangre.
Le agarro por el muslo y por el tobillo para evitar que doble la rodilla. No tiene dificultad alguna, lleva ya unos cuatro años haciendo gimnasia artística y acrobática. Ha ganado infinidad de campeonatos. Lo que no me gusta es la parte en la que hace esos mortales... Sigo pensando que algún día acabará rompiéndose el cuello... Me dolería más a mí que a ella.
Verla tan abierta me excita y rezo para que ella no note lo que me empieza a crecer en la entrepierna. Está sonriendo. Mierda. ¡Pues claro que lo ha notado joder! Si es que estamos pegados...
Siento su respiración en mi mejilla. Mis ganas de besarla aumentan por segundos, pero antes de que yo haga nada ella me atrae hacia su boca y me besa con posesión.
Su lengua invade mi boca y sus manos alborotan mi pelo. Se deshace de mi camiseta, yo hago lo mismo con su sujetador deportivo. La levanto, la empotro contra la puerta de nuestro gimnasio, le quito los shorts y la penetro mirándole a los ojos. Enrosca las piernas alrededor de mi cintura en busca de más profundidad.
Sexo duro, como nos gusta.
Muerdo su hombro mientras ella gime pidiéndome que siga, que no pare. Un hilillo de sangre recorre mi espalda. Mel y sus largas uñas tan decoradas.
Siento que me voy a correr. No se si ella sigue tomando la píldora así que mejor avisarle.
-Pequeña... No puedo más... ¿Quieres que...?
-Ni se te ocurra sacarla o te la corto en pedacitos.
Más claro, agua.
Alcanzamos el climax juntos. La beso una ultima vez en los labios y nos vamos a nuestra pequeña sauna para seguir allí con nuestros ejercicios.

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