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jueves, 13 de marzo de 2014

CAPITULO 1

Melibea


    Nada me parece real. Todo se siente como en un sueño. Parece que en cualquier momento despertaré y estaré con mi madre.
    Antoni me dijo que todas mis cosas ya estaban en casa. En mi casa.
    Tengo curiosidad por saber como será, pero sobre todo tengo curiosidad por conocer a Marius, el hermano pequeño de Antoni. Me ha dicho que tiene veinticuatro años y que se vino de Italia a vivir con él por que no le caía muy bien su padrastro… O algo así. La verdad es que no recuerdo la historia muy bien… También me ha dicho que tienen un perro. Un pomsky de color blanco, es un cachorro y se llama… Vale, tampoco recuerdo como se llamaba.
    El coche de Antoni mola. No me sé el nombre de la marca del coche, solo sé que me gusta.
    Pasamos el viaje en silencio. Le estoy agradecida a Antoni por eso, no se puede decir que tenga muchas genas de hablar.
    Ya hemos llegado.
    Él sale primero. Da la vuelta al coche para abrirme la puerta y me ayuda a salir. Le agradezco el gesto con la mejor sonrisa que le puedo dar en estos momentos, lo que viene a ser una mueca algo extraña.
    Subimos por el ascensor. El apartamento está en el ático. Cuando llegamos a la puerta oigo un pequeño ladrido. Abre la puerta con sus llaves y entramos.
    ¿Mi primera impresión? Antoni tiene dinero. Mucho. ¿La segunda? ¡Que perro más bonito! Es tan pequeño. Con los ojos grises y el pelo blanco y negro. Absolutamente adorable. Me agacho para acariciarlo.
    -Hola –Le murmuro al perro- ¿Qué tal, bonito?
    Como si me entendiera el perro ladra como respuesta.
    -¿Marius? ¿Dónde andas? Ven a saludar a Melibea
    Oigo unos pasos. Al levantar la vista me encuentro con el que será Marius. Es realmente guapo. Muy alto, más que Antoni, fuerte, moreno… Tiene el pelo marrón y  los ojos grises, pero no son exactamente iguales que los del perro, los suyos son más cercanos al azul. Y va sin camiseta. ¿Por qué no lleva camiseta?
     Me vuelvo a poner recta.
    -Melibea este es Marius, Marius esta es Melibea.
    Creo que intenta sonreír. Me estrecha la mano y murmura un “hola” al igual que yo. Levanto la mirada, me esta mirando directamente a los ojos. Mierda, se esta riendo. Creo que me ha pillado observando esos increíbles abdominales de dios griego…con la boca abierta. No puedo evitarlo, me sonrojo. El se ríe más fuerte.
    Cuando le pregunté a Antoni sobre lo que le había contado a su hermano acerca de mi el me dijo que nada, le había dicho que me quedaría con ellos y punto. Pensó que él no tenía derecho a contar nada.
    Antoni me acompaña a mi habitación. Atravesamos el pasillo de la entrada y el cuarto de estar, subimos el peldaño de ocho escaleras. Seguimos por otro pasillo, torcemos a la izquierda… El perro nos sigue corriendo y moviendo la cola. Nos paramos en la segunda puerta a la derecha y abre la puerta. Me deja pasar a mi primero; no encuentro nada sorprendente en comparación al resto de lo que he visto de la casa, realmente solo hay una cama un poco más grande de lo habitual, un escritorio con una silla, el armario empotrado y una mesilla de noche en el lado izquierdo de la cama. También hay una gran ventana, lo que le da mucha luminosidad a la habitación.
    Encima de la cama están las tres bolsas con mis cosas.
    -No he tenido de decorar esto, lo siento. La semana que viene podemos ir juntos a elegir los muebles nuevos si te apetece…
    Me dirige una sonrisa pero su mirada es pesarosa.
    Asiento con la cabeza.
    -T-te dejo para que… para que te pongas cómoda y eso… También puedes ducharte si quieres o… Bueno, el baño esta aquí a la derecha –Hace un gesto con la mano mientras que abre la puerta -. Si necesitas algo estaré abajo.
    Me siento en la cama, estoy agotada. Creo que si que me sentaría bien una ducha.
    Salgo de la habitación. Voy a abrir la puerta del baño pero alguien se me adelanta desde dentro. Señor abdominales de dios griego. Me quedo helada. Creo que otra vez he estado demasiado tiempo mirándole con la boca abierta.
    -¿Quieres algo o planeabas espiarme mientras me ducho?
    Se apoya con el brazo en el marco de la puerta.
    -Yo…
    -Si es lo segundo que sepas que no me voy a duchar ahora, lo siento. Pero espero que hayas tenido buena vista de mis abdominales ahí abajo enana.
    Eso me saca de mi ensueño. Cerdo narcisista…
    -Ya, bueno, la que se va a duchar soy yo –Le levanto el brazo para colarme por debajo y entrar en el baño, el se da la vuelta para mirarme -. Echar el cerrojo me parece algo peligroso cuando me voy a duchar así que espero que no acabes siendo tu el que me espíe a mi.
    Ya estaba cerrando la puerta con aire victorioso cuando él responde por el otro lado.
    -¿Me tomas por un pederasta?
    Idiota asqueroso.
    Cuando ya he cerrado la puerta me doy cuenta de que necesito una toalla. Vuelvo a abrirla y ese cuerpo perfecto sigue ahí, y también su arrogante personalidad. Paso a su lado deprisa.
    -¿Se te ha olvidado el patito de goma?
    Le oigo reírse mientras bajo por las escaleras.
    Antoni está en el comedor viendo la televisión con Zeus. ¡Si! ¡Así se llamaba el perro!
    Bajo el ultimo escalón y el levanta la mirada. Zeus viene corriendo a saludar moviendo la cola. Levanta las dos patitas rogando que le acaricie. Lo hago. Mueve la cabeza y hace ruiditos. Es gracioso, parece un gato en vez de un perro.
    -¿Pasa algo?
    -No, es solo que no tengo toallas y me gustaría ducharme…
    -Ah si claro, perdóname. No me había dado cuenta –Se levanta del sillón sonriendo -. Ahora mismo te las traigo.
    Yo me vuelvo a agachar para tocar a Zeus. En poco tiempo vuelve Antoni con tres toallas rosas.
    -Son nuevas, las compre rosas, pensé que te gustarían. Así puedes diferenciarlas de las otras. Las mías son azules y las de Marius blancas.
    -Gracias.
    Le doy una pequeña sonrisa, cojo las toallas y vuelvo a subir al baño. Por suerte Marius ya no está allí.
    Me meto en la ducha, dejando que un chorro de agua caliente me empape. Me echo a llorar y tengo que sentarme para no acabar perdiendo el equilibrio. Abrazo mis rodillas y lloro más fuerte. Pensando en mi madre y en lo que él me hizo. Un escalofrío me recorre todo el cuerpo. Cojo el jabón y me lavo con la mano como si la suciedad nunca llegara a irse realmente. Y no lo hace. Todas mis mierdas se acumulan una a una, haciendo que mi vida se convierta en eso, una mierda. Mi vida es una mierda.
    No se cuanto tiempo he estado en la ducha pero, al salir, tengo la piel de los dedos arrugada. El espejo esta empañado, paso la mano por él para mirar mi reflejo. Mi pelo castaño oscuro me cae en pequeñas ondas por la espalda. Siempre he tenido la tez muy pálida, ahora lo está más de lo normal y me da un aspecto espectral. Los ojos demasiado grandes para mi cara, el derecho azul, el izquierdo verde. Por lo general a la gente le suele gustar mis ojos pero yo los aborrezco. Tengo los labios cortados de tanto morderlos. Siempre me muerdo tanto el labio como las uñas… También lo odio.
    Seco mi pelo más o menos con una de las toallas, con otra enroscada al cuerpo vuelvo a mi habitación.
    Abro una de las bolsas y saco unos pantalones vaqueros, una camiseta y mis converse. Creo que debería deshacer las maletas. Mientras voy colocando la ropa dentro del armario, vienen a mi mente algunos recuerdos… La mayoría de ellos no son buenos pero son mis recuerdos; recuerdos en los que está mi madre. Por mucho que me duela quiero conservarlos para siempre. No soportaría perderlos.
    Ya estoy llorando otra vez…
    Oigo pasos fuera de la habitación. Rápidamente, con el dorso de la mano, seco las últimas lágrimas que caen por mis mejillas.
    -Vamos a comer ya ¿vienes?
    Por fin se ha puesto una camiseta.
    -Voy.
    Bajo detrás de él, admirando en silencio su impresionante espalda.
    -Espero que te guste el pollo –Antoni sale de la cocina con una bandeja con un pollo asado con patatas en ella -. También hay ensalada.
    Antoni preside la mesa y Marius y yo estamos sentados uno en frente del otro.
    Le doy vueltas al pollo en mi plato. El poco apetito que tenía se me quita en cuanto parto un poco. Esta crudo. Doradito por fuera, rosa y sangriento por dentro. Sin poder casi evitarlo hago una mueca de asco. No entiendo como esos dos son capaces de comerlo.
    -¿Qué pasa? ¿Se te ha quitado el hambre? Es normal… Si lo piensas te estas comiendo a un pobre animal con su sangre; sus venas, su piel, sus huesos, que antes corría feliz hasta que le cortaron la cabeza y te lo pusieron en bandeja…
    Vale, creo que voy a vomitar. Por la cara de preocupación de Antoni creo que me he puesto aún más blanca de lo normal.
    -Marius cállate, ¿estas bien Melibea? 
    Asiento rápidamente.
    -¿Qué más da? Es la verdad. Debería ser consciente de que es una asesina que ha matado a un animal para tener algo que meterse en la boca. Algo sangriento y con huesos.
    Dios… Ahora si que voy ha vomitar. Me levanto de la mesa y corro con la mano en la boca al único baño que sé donde está, el de arriba. Espero llegar a tiempo, ya empiezo ha notar la bilis subiendo por mi garganta.
     Me arrodillo en frente de la taza del retrete y devuelvo. Siento el acido recorrer mi garganta. Marius tiene razón, he matado a un animal. Talvez no con mis propias manos pero es como si lo hubiera hecho. Creo que a partir de ahora no podré volver a comer carne. 
    Toc. Toc.

    Alguien llama a la puerta. 

1 comentario:

  1. Para cuando el segundo capitulo?? Lo quiero ya ya!!!!!!!!!! Ya sabes que no soy capaz de dejar algo sin saber cómo sigue. Un besito (pequeño hamster)

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