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miércoles, 26 de febrero de 2014

PRÓLOGO

     Catorce años soportando a su padre para que después de todo, acabara así.
    Cuando llegó la policía la encontraron metida en un armario, llorando. No podía respirar. Estaba teniendo un ataque de ansiedad.
    La sacaron y lo primero que vio, incluso antes de ver a todas aquellas personas extrañas para ella, fue a su madre. Muerta. La estaban tapando con una sabana blanca y subiendo a una camilla. Entonces Melibea se desmayó.
   

    Despertó en lo que pensó que sería un hospital. Le dolía la cabeza, tenía moratones por ambos brazos y una venda en tobillo izquierdo. Cuando intentó sentarse también descubrió que le dolía entre las piernas. Se paró a pensar un poco. Recordó todo; a su padre gritando zarandeando a su madre, golpeándola. A su madre blanca con los ojos perdidos, mirando hacía ninguna parte. De nuevo recordó a su padre yendo hacia ella. Agarrándola del pelo la arrastró enfrente de su madre. Ella gritaba, pero a él le daba igual. La tomó como a los perros, y la pequeña seguía llorando y gritando. Notaba a su padre dentro de ella. Se daba asco. Le daba asco su padre. Le daba asco la vida. Empezaron a oírse sirenas. Algún vecino habría llamado a la policía. Entonces su padre, mejor dicho, ese monstruo la soltó. Melibea se arrastró hasta el armario.
    Bajó la vista para mirarse las manos. En la sabana azul del hospital vio que había algunas gotas. Se tocó las mejillas. Había empezado a llorar sin apenas darse cuenta.
    Entró una enfermera rubia. Bajita, con no más de cuarenta años. Estaba sonriendo, pero hasta ella podía notar que la miraba con pesar.
    -Bueno Melibea… ¿Cómo te encuentras?
    Menuda pregunta… Pues mal, ¿cómo voy a estar? Intentó decir esas mismas palabras, pero ningún sonido salía de su boca.
    -Verás… -Continuó la enfermera- Aquí hay unos señores que quieren hablar contigo un minuto, ¿está bien?
    Pues no. Claro que no está bien. Mi madre acaba de morir. Realmente la enfermera parecía idiota.
    Entraron tres hombres. Dos de ellos iban vestidos con trajes, en cambio el más joven, llevaba unos vaqueros y una camisa remangada hasta los codos de color azul. Le resultaba vagamente familiar.
    -¿Cómo esta señorita? -Otro idiota…- Sé que esto es muy duro de oír, sobre todo para una niña de trece años pero… Su madre ha muerto.
    -Preferiría que me dijera algo que no supiera ya. Y no es que sea exactamente duro, pero duele. Duele mucho.
    Los tres hombres parecían sorprendidos. Incluso ella misma estaba sorprendida. Le empezaron a arder los ojos y pestañeo para alejar las lagrimas. No le gustaba llorar delante de la gente. La hacía parecer débil y no le gustaba.
    Uno de los hombres trajeados volvió a hablar.
    -Su padre…
    -No es mi padre.
    -Bueno… José Herranz ha sido detenido por asesinato y por… abuso a una menor.
    Sin poder evitarlo, Melibea apartó la mirada. Nada podría hacer que dejara de sentirse sucia.
    -Y ya que el único pariente cercano suyo está alojado en una residencia para ancianos, usted señorita Herranz, tendrá que quedarse con su tutor legal hasta que cumpla la mayoría de edad o pueda emanciparse.
    -Señorita Dalaras. No llevaré el apellido de ese monstruo.
    Los hombres trajeados se miraron entre si. El más joven se acercó más a la camilla, le cogió de la mano y habló:
    -Hola Melibea, siento muchísimo todo esto de veras… Me llamo Antoni Beanato, era un buen amigo de tu madre, y soy tu tutor legal.

4 comentarios:

  1. Ole ole y ole , guapa y encima lista

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  2. Para cuando la continuacion de este pedazo de libro...?? yo tengo muchas ganas de leer como sigue! ! Muchos besitos besitos de tu pequeño hamster ;)

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  3. Una escritora en ciernes. Llegarás lejos
    Sigue así

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  4. Que grande!Me ha encantado esta parte,continuare con las demas!
    Sigue brillando!Que te lo curras muchisimo
    Un besoo ;)

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